
SOLEDAD EN LA VEJEZ….
Cuando llegamos al mundo, venimos solos, sin conocimientos, sin sentimientos, sin recuerdos, sin normas, con nuestra mente en blanco para ir aprendiendo a vivir.
El escritor patagónico Juan José Bravo (Juanjo para quienes lo conocen) una vez me dijo: El ser humano es una biblioteca vacía, que se llena de libros a medida que va viviendo, de pequeño tiene solo libros de cuentos, de magia, de fantasía, de fantasmas, de príncipes y princesas, de sueños de amor.
Cuando es adolescente, tiene libros de poemas de amor, de novelas con héroes que rescatan princesas, de dragones que pelean con príncipes además de los libros que ha estudiado en la escuela primaria y secundaria.
Cuando comienza a ser adulto, sus libros son universitarios o en algunos casos ha dejado de llenar su biblioteca con libros y los comienza a llenar con la experiencia de la vida. Pero también en ella siguen los libros escritos por sus padres; esos que tienen afecto, normas, formas de vida o tal vez heridas; eso va de acuerdo a cómo lo han criado; o cómo se hizo solo en la vida.
¿Por qué será que uno, no puede hacer un balance de su biblioteca personal cuando va viviendo? ¿Qué tipo de conocimiento se debe tener para hacerlo?
¿Por qué no se pone en esa biblioteca libros como: aprender a amar, a abrazar, a ser feliz, a dar, a compartir? Esto sucede en algunos casos, no en todos.
Pero… ¿por qué hoy a mi edad me pregunto esto? Quizás estoy viendo la vejez del otro lado del cristal. Estoy observando soledad, tristeza, dolor, ausencia, frío. Me he mimetizado en la piel de un adulto mayor que vive solo, y es esto, lo que no quiero para mi vejez.
Ahora como mujer de las cuatro décadas, como dice; Ricardo Arjona siembro cada día en mi jardín, rosas de amor, caricias nuevas, comprensión, abrazos, besos, para que sus pétalos aterciopelados no raspen mi alma, cuando me encuentre transitando la vejez, sino que sea solo calma, que el mar visite la costa cada mañana trayéndome recuerdos hermosos cuando mis hijos habitaban la casa.
Quiero una vejez que contenga sonrisas en los labios de mis hijos y que mi boca no sea solo una mueca para aparentar que estoy viva.
Quiero una vejez, llena de poesía, las tuyas y las mías; enhebrando recuerdos de aquellos tiempos en que amabas con la juventud que tu cuerpo desbordaba.
Quiero una vejez, que se ilumine del sol de cada mañana, que no me cueste levantarme de la cama, que tengas las ganas de caminar por la plaza de la mano de mis nietos por las tardes soleadas.
Quiero una vejez sin lágrimas en mis ojos, por la ausencia de tu presencia, sino que pueda recordarte con brillo de mis ojos, que tanto te gustaba, Y recordar una y mil veces lo hermoso que ha sido encontrarte en la vida.
Y si el Alzhéimer me sorprendiera, no quisiera que me retaran, por olvidarme de quien fui a su lado, sino que me abrazan, sin importar si llegara a conocerlos, pero seguro, que en ese abrazo, podría encontrar el aroma de su piel y recordaría quienes fueron en mi vida.
No es que este triste a mis 40, sino que el ver a un adulto solo, me hizo sentirme en su piel, y sentí sus sentimientos o quizás quise comprender porqué de su soledad hoy a los 80 y tantos años.
Si esto sirve para que rescaten a algún abuelo, o abuela, sentiré que mis palabras no fueron en vano, y que además siempre se puede dar amor, solo hay que darse permiso para sentir… o visitar algún asilo de abuelos y regalar una sonrisa a quienes nadie los visita.